L'anomenat "efecte Barceloneta" segueix endavant com una ona expansiva. Ara és el barri de la Sagrada Família el que, en les darreres setmanes, ha fet sentir la seva veu de queixa contra la massificació turística que pateix el barri. Sembla que tenir una icona mundial del turisme és una maledicció i no pas una benedicció. Bé, és una maledicció si no se sap administrar bé el tema: com més gran és un flux, més s'ha d'administrar amb habilitat i saviesa. I el "quid" de la qüestió és que els residents vegin clarament els beneficis de tenir un gran monument al barri, que no vegin tan sols l'enrenou i emprenyament que causa el tema. No estic d'acord amb els que diuen que el model turístic de Barcelona ja s'ha esgotat o està arribant als seus límits. Més aviat estic d'acord amb qui pensa que a Barcelona li calen nous punts d'inerès que treguin la pressió sobre els punts "clàssics" que visita tot turista. En tot cas, tot d'atenció a l'Ajuntament a pocs mesos de les eleccions municipals. Aquí per exemple es llegeix la notícia.
Un bloc sobre noves tendències en gestió del turisme i les empreses turístiques // A blog on new trends on Tourism and Hospitality Management
diumenge, 21 de desembre del 2014
dilluns, 1 de desembre del 2014
Formando el recurso humano en turismo (1)
He acabado mi primer semeste como profesor a tiempo completo de Turismo. Ha sido un honor y un gran placer ayudar a la formación de casi 70 alumnos (68 sueños he tenido en mis manos, para ser exactos) en 4 cursos diferentes, espero haber sido una ayuda para ellos y no un plasta pesado. Dicho sea todo, contribuir a la formación del recurso humano en turismo es una tarea esencial para este sector, dadas sus peculiares características y su demanda de personal capacitado. Así que me siento cansado pero feliz de haber dado mi contribución.
Ser profesor no ha sido nunca tarea fácil, menos lo es en esta época de multimedia y de hiperconectividad que ha convertido la atención del alumno en un bien escaso. En el día a día de la actividad de uno, se siente a veces ganas de juzgar a los estudiantes por quejas que (supongo) serán más o menos compartidas en todas las latitudes: falta de preparación de los estudiantes, falta de compromiso, "esto no pasaba en mi época", etc.
Como no quiero caer en tópicos de "cualquiera tiempo pasado fue mejor" voy a indicar en unos cuantos posts estos días qué me parece que podemos hacer los profesores para salir de esta situación, es decir, para ayudar a los educandos a (re)encontrar el gusto por el estudio y el compromiso por el propio futuro. Y abro la partida con un tema obvio: el tiempo y la carga de los estudiantes. Veamos con un pequeño cálculo cómo está configurado este importante asunto en nuestra Alma Mater y en el país.
En nuestra Universidad, el año académico se divide en dos semestres de 16 semanas de duración cada uno. En cada semestre el alumno toma de media unas seis materias, que representan unas 15 horas semanales. Se supone que, por cada hora de clase, los alumnos deben dedicar dos horas de trabajo personal o grupal para seguir sus estudios. Así, 15 horas de clase más 30 de estudio dan la respetable cantidad de 45 horas/semana, lo cual viene a ser una jornada laboral semanal de un adulto.
Se puede calcular además la carga no por horas sino por evaluación: en cada semestre se toman al alumno 3 exámenes parciales y un total de 6 ejercicios evaluados por cada materia (por lo menos, así es en mi programa). Con esta carga evaluativa, tenemos pues 3 exámenes/materia por 6 materias = 18 exámenes en un periodo de 16 semanas, o lo que es lo mismo, algo más de 1 examen por semana. En el caso de los ejercicios evaluables, el alumno hará 6 ejercicios/materia por 6 materias lo que da la nada despreciable cifra de 36 ejercicios evaluados por semestre. O lo que es lo mismo, cada semana entregará algo más de dos trabajos evaluables (si se hace el cálculo por 5 materias viene siendo la misma carga, las diferencias entre 5 y 6 materias son negligibles).
Es decir, por carga evaluativa el alumno tiene sus 15 horas de clases más -pongamos- unas 10 de estudio para seguir todas estas clases más 6 - 10 horas por el examen semanal que dará y otras 6 - 10 horas por los dos ejercicios evaluables que entregará. Ello da unas 41 horas/semana, algo menos del otro cálculo pero con una mínima diferencia.
He hecho todos estos cálculos para que tengamos claro hasta qué punto anda el alumnado cargado y estresado con toda esta exigencia evaluativa. Y ello tiene una importante consecuenia: el alumno se limita a "cumplir" con estas formalidades impuestas sin tener tiempo (ni ganas) de desarrollar sus propios intereses, dirigir su carrera académica hacia donde más le interese y en definitiva diseñar él mismo su propio estudio (y, por ende, su propia vida). Ahogado en el mar evaluativo que tan pedagógicamente le hemos diseñado, es incapaz de respirar para ver qué hay en el horizonte. Y si aparece un espacio en estos densos lugares, por ejemplo cuando no hay clase porque el profesor está impedido, no será nunca -cosa lógica- para trabajar en una materia sino para escabullirse, que uno está ya muchas horas dándole al tema.
Se me dirá que soy un exagerado o bien que "si dejamos mano libre al alumno, éste no hará nada porque es un holgazán por definición". Discrepo profundamente de esto último: sólo si traspasamos la responsabilidad al alumno éste será capaz de tomar las riendas de su propia vida. No digo que esto se haga de un día para otro, pero si no vamos hacia este modelo, privamos a nuestra juventud de uno de los mayores dones del ser humano: tomar las riendas de la propia vida y aprender a administrarla con libertad y responsabilidad.
Hace años vi un film cubano que me impresionó bastante: el dueño de un esclavo decidió regalarle la libertad. El dueño llevó al africano hasta la puerta de la mansión y le dijo -con la voz socarrona del que se sabe vencedor antes de iniciar la partida-: "Vete, puedes irte, te regalo la libertad." El africano, viendo el ancho horizonte que se abría ante sus ojos, y consciente de que no estaba preparado para nada de lo que le llegaría si se iba, reununció a su libertad y claudicó ante su amo quien, paternalistamente, le dijo "¿Ves como en mi casa estarás mejor que en cualquier otro lugar?". Esta escena, aun sin contener violencia alguna y limitarse a un breve diálogo, pareció más violenta que todos los tiros y bombas de las películas de James Bond.
Ser profesor no ha sido nunca tarea fácil, menos lo es en esta época de multimedia y de hiperconectividad que ha convertido la atención del alumno en un bien escaso. En el día a día de la actividad de uno, se siente a veces ganas de juzgar a los estudiantes por quejas que (supongo) serán más o menos compartidas en todas las latitudes: falta de preparación de los estudiantes, falta de compromiso, "esto no pasaba en mi época", etc.
Como no quiero caer en tópicos de "cualquiera tiempo pasado fue mejor" voy a indicar en unos cuantos posts estos días qué me parece que podemos hacer los profesores para salir de esta situación, es decir, para ayudar a los educandos a (re)encontrar el gusto por el estudio y el compromiso por el propio futuro. Y abro la partida con un tema obvio: el tiempo y la carga de los estudiantes. Veamos con un pequeño cálculo cómo está configurado este importante asunto en nuestra Alma Mater y en el país.
En nuestra Universidad, el año académico se divide en dos semestres de 16 semanas de duración cada uno. En cada semestre el alumno toma de media unas seis materias, que representan unas 15 horas semanales. Se supone que, por cada hora de clase, los alumnos deben dedicar dos horas de trabajo personal o grupal para seguir sus estudios. Así, 15 horas de clase más 30 de estudio dan la respetable cantidad de 45 horas/semana, lo cual viene a ser una jornada laboral semanal de un adulto.
Se puede calcular además la carga no por horas sino por evaluación: en cada semestre se toman al alumno 3 exámenes parciales y un total de 6 ejercicios evaluados por cada materia (por lo menos, así es en mi programa). Con esta carga evaluativa, tenemos pues 3 exámenes/materia por 6 materias = 18 exámenes en un periodo de 16 semanas, o lo que es lo mismo, algo más de 1 examen por semana. En el caso de los ejercicios evaluables, el alumno hará 6 ejercicios/materia por 6 materias lo que da la nada despreciable cifra de 36 ejercicios evaluados por semestre. O lo que es lo mismo, cada semana entregará algo más de dos trabajos evaluables (si se hace el cálculo por 5 materias viene siendo la misma carga, las diferencias entre 5 y 6 materias son negligibles).
Es decir, por carga evaluativa el alumno tiene sus 15 horas de clases más -pongamos- unas 10 de estudio para seguir todas estas clases más 6 - 10 horas por el examen semanal que dará y otras 6 - 10 horas por los dos ejercicios evaluables que entregará. Ello da unas 41 horas/semana, algo menos del otro cálculo pero con una mínima diferencia.
He hecho todos estos cálculos para que tengamos claro hasta qué punto anda el alumnado cargado y estresado con toda esta exigencia evaluativa. Y ello tiene una importante consecuenia: el alumno se limita a "cumplir" con estas formalidades impuestas sin tener tiempo (ni ganas) de desarrollar sus propios intereses, dirigir su carrera académica hacia donde más le interese y en definitiva diseñar él mismo su propio estudio (y, por ende, su propia vida). Ahogado en el mar evaluativo que tan pedagógicamente le hemos diseñado, es incapaz de respirar para ver qué hay en el horizonte. Y si aparece un espacio en estos densos lugares, por ejemplo cuando no hay clase porque el profesor está impedido, no será nunca -cosa lógica- para trabajar en una materia sino para escabullirse, que uno está ya muchas horas dándole al tema.
Se me dirá que soy un exagerado o bien que "si dejamos mano libre al alumno, éste no hará nada porque es un holgazán por definición". Discrepo profundamente de esto último: sólo si traspasamos la responsabilidad al alumno éste será capaz de tomar las riendas de su propia vida. No digo que esto se haga de un día para otro, pero si no vamos hacia este modelo, privamos a nuestra juventud de uno de los mayores dones del ser humano: tomar las riendas de la propia vida y aprender a administrarla con libertad y responsabilidad.
Hace años vi un film cubano que me impresionó bastante: el dueño de un esclavo decidió regalarle la libertad. El dueño llevó al africano hasta la puerta de la mansión y le dijo -con la voz socarrona del que se sabe vencedor antes de iniciar la partida-: "Vete, puedes irte, te regalo la libertad." El africano, viendo el ancho horizonte que se abría ante sus ojos, y consciente de que no estaba preparado para nada de lo que le llegaría si se iba, reununció a su libertad y claudicó ante su amo quien, paternalistamente, le dijo "¿Ves como en mi casa estarás mejor que en cualquier otro lugar?". Esta escena, aun sin contener violencia alguna y limitarse a un breve diálogo, pareció más violenta que todos los tiros y bombas de las películas de James Bond.
Se me dirá que en un ambiente de libre albedrío habrá también una parte del alumnado que confundirá la libertad con "el hacer lo que me dé la gana". Y es cierto, habrá una parte de los estudiantes que optarán por esta vía, pero este número será sorprendentemente bajo, según indican estadísticas de países y sistemas que dan más libertad al estudiante. Lo que sí está claro es que, si no enseñamos a los estudiantes a ser personas libres (con todas las consecuencias curriculares y organizativas que ello implica) les estamos negando una herramienta fundamental que les debería convertir a futuro en hombres y mujeres de fuerte criterio.
Otro día hablaré de las consecuencias que todo este sistema del hipercontrol tiene para estudiantes y docentes.
dimarts, 21 d’octubre del 2014
Congreso Internacional de Turismo -- here I come, Bogota
From tomorrow I shall attend the Congreso Internacional de Turismo, to be held at the Universidad del Externado, Bogota. Three days ahead of highly interesting meetings. I am delivering a contribution on marketing of destinations, I hope very much my audience find it worth hearing. Else, it is always a pleasure to be at the capital city, now that I am a province boy from the Caribbean, so I can't wait for a nice stroll through La Candelaria or feeling a bit of chill temperatures after these months of permanent Caribbean heat.
dimecres, 1 d’octubre del 2014
Dias bien productivos y cargados
Días cargados y productivos: hemos organizado el congreso anual de la AMIT aqui en nuestra Universidad Autónoma del Caribe, que además ha contado con diversos científicos y expertos colombianos. Un exitazo. Coincidiendo con ello, la convocatoria de Colciencias para los temas de Turismo y TIC. Como no hay dos sin tres, el tema del cluster turístico sigue adelante con una buena reunión de aportaciones hecha esta semana que termina. Ah, y tengo mis clases y mi doctorado, Of course.
¿Aburrimiento? ¿Qué es eso?
divendres, 5 de setembre del 2014
Climate changes for real
We've had a mad summer in Catalonia, with much more rain than usual - or expected. This has half-ruined the season, obviously, as our tourism is fueled -or at least a good part of it- by the sunshine. The seasons's results are downward, as stated by the hospitality industry. Back home, my dad has repeatedly complained about this very humid season in the middle of summer, feeling sympathy for the "poor people in the hospitality industry" and fearing no tomatoes or artichokes would get enough sun to grow.
Far away from Catalonia, in my new homeland Colombia, we've been on the other side of the scale suffering a huge draught wich has had enormous consequences for our agriculture and our environment. This as a result of this year's El Niño. Not that much for our tourism, as for tourists there's always been enough water -- no one has raised complaints about this flagrant inequality, but this can't be excluded in the next dry season.
And, from one day to the next, we are confrnted here with torrential rains causing floods. We've had some heavy rains in the last two weeks here in Barranquilla resulting in flooded streets, our well-known "arroyos". See some of this "action" here.
Climate is changing for real, so we better be ready for that. Only by adaptation to and mitigation of these phenomena our tourism -and ourselves as well- will survive.
Far away from Catalonia, in my new homeland Colombia, we've been on the other side of the scale suffering a huge draught wich has had enormous consequences for our agriculture and our environment. This as a result of this year's El Niño. Not that much for our tourism, as for tourists there's always been enough water -- no one has raised complaints about this flagrant inequality, but this can't be excluded in the next dry season.
And, from one day to the next, we are confrnted here with torrential rains causing floods. We've had some heavy rains in the last two weeks here in Barranquilla resulting in flooded streets, our well-known "arroyos". See some of this "action" here.
Climate is changing for real, so we better be ready for that. Only by adaptation to and mitigation of these phenomena our tourism -and ourselves as well- will survive.
dilluns, 25 d’agost del 2014
Mejorando la marca ciudad
Interesante artículo en el suplemento "Dinero" del pasado mes de julio sobre cómo mejorar la marca urbana de BCN: repetidamente se avisa de no caer en la autocomplacencia. De todos modos, como profesional de turismo, impresiona ver cómo amplios sectores de la economía miran con recelo a nuestro sector. Hemos pasado, en menos de un cuarto de siglo, de ser una ciudad casi de provincias a una de las metróplis mundiales más "trendy" y deseadas. Y es mi humilde opinión que en esto el turismo ha tenido un gran papel, sirviendo de arrastre a otros seectooores y propendiendo por una impecable imagen exterior. Ya nos gustaría aquí en Barranquilla tener una fraccional de los turistas que visitan Barcelona, y es por eso que debates como el citado son imposibles de tener a orillas del Caribe: a inicios del ciclo de vida turístico, deseamos visitantes antes que nada, sólo que tampoco a cualquier precio. Habrá que trabajar por una sostenibilidad y socialización de los beneficios turísticos para que no se perciba en unos años el leve hartazgo turístico de Barcelona, o todavía peor, la franca hostilidad de Londres hacia sus visitantes en aquel graffiti que hae años decía: "Do something for London: kill a tourist".
Aquí está el reporte del debate sobre el modelo de Barcelona
Viene todo esto a cuento también de la discusión sobre si Bcn anda saturada o no. El tema de los apartamentos turísticos (algunos de ellos ilegales, y los legales acogiendo a turistas de borrachera) ha encendido el ánimo de algunos vecinos estos últimos días en el barrio de la Barceloneta. Y así no es de extrañar que en la prensa aparezcan debates como este en el que se cuestiona la capacidad de carga de la ciudad y se pregunta si la ciudad no puede propender por un turismo de más calidad. ¿Habremos llegado poco a poco a nuestros límites?
Aquí está el reporte del debate sobre el modelo de Barcelona
Viene todo esto a cuento también de la discusión sobre si Bcn anda saturada o no. El tema de los apartamentos turísticos (algunos de ellos ilegales, y los legales acogiendo a turistas de borrachera) ha encendido el ánimo de algunos vecinos estos últimos días en el barrio de la Barceloneta. Y así no es de extrañar que en la prensa aparezcan debates como este en el que se cuestiona la capacidad de carga de la ciudad y se pregunta si la ciudad no puede propender por un turismo de más calidad. ¿Habremos llegado poco a poco a nuestros límites?
diumenge, 3 d’agost del 2014
Catando vinos en Colombia
Hace como tres semanas asistí a mi primera cata de vinos aquí en Colombia. La empresa importadora Dislicores organizó una impecable velada en su sede barranquillera. Fuimos guiados en la cata por el enólogo de la empresa, Antonio Giraldo, un bogotano que es una enciclopedia andante de vinos y espirituosos. Bien curioso que alguien con acento cachaco lleve una cata, -caramba con la globalización- porque Colombia es un país que no produce vino ni tiene tradición vinícola alguna (consumo per cápita anual: 1,1 L, que en un 80% procede de Argentina y Chile, pero creciendo tanto el consumo como diversificándose las importaciones de otros países) pero bueno, he aquí que conozco ya a uno de los dos únicos enólogos colombianos que existen.
La "soirée" fue muy convivial y bien organizada, como ya he dicho. Se cató un blanco, un rosado y un tinto. El rosado era un buen malbec argentino, el blanco (atención) era un chardonnay de Enate y el tinto era (atención otra vez) un rioja de Bodegas Franco-Españolas. La enología y la globalización se dan la mano, y he aquí que llego a Colombia a catar unos vinos hechos a pocos centenares de kilómetros de mi casa... qué mundo tan pequeño, por Dios.
Lo que no es tan pequeño acá son los precios de los vinos, un vino chileno o argentino vale unos 20.000 pesos (8 Eur aprox.) y esto ya es el precio más bajo: si se busca algo un poco mejor te vas tranquilamente a al rango de 15 a 20 Eur... por los mismos vinos que en Europa valen la mitad. En fin, esperemos que algún día de estos bajen los impuestos y podamos descorchar una botellita con más frecuencia...
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